
Taller artesanal · Taller fundado en la década de 1990; oficio desde el siglo VIII
Molino de papel de Konigil (Meros)
En una aldea a las afueras de Samarcanda, mazos de madera movidos por el agua siguen machacando corteza de morera para hacer papel de Samarcanda, un oficio recuperado tras más de un siglo de silencio.
Sobre el lugar
El papel de Samarcanda fue famoso en todo el mundo islámico: liso, resistente y bruñido para recibir la tinta con limpieza, lo apreciaron escribas y calígrafos durante siglos. Una historia muy repetida atribuye la llegada del oficio a papeleros chinos hechos prisioneros tras la batalla de Talas, en el 751. Los historiadores lo consideran una leyenda, pero en el siglo IX Samarcanda era sin duda un gran centro papelero. El oficio desapareció en el siglo XIX, con la llegada del papel industrial, más barato.
La recuperación
En los años noventa, un maestro local, Zarif Mujtárov, y su familia se propusieron reconstruir el proceso a partir de descripciones antiguas y de la experimentación, con el apoyo de la UNESCO. Su taller, llamado Meros («herencia»), está en la aldea de Konigil, en el extremo oriental de Samarcanda, junto a un arroyo flanqueado de plátanos. Hoy es un molino en funcionamiento y un pequeño museo al aire libre.
Cómo se hace el papel
- Se cortan ramas jóvenes de morera y se les quita la corteza, conservando solo la capa interior blanda.
- La corteza se pone en remojo y se hierve hasta ablandarla.
- Un molino de mazos de madera, movido por una rueda hidráulica en el arroyo, golpea la fibra durante horas hasta convertirla en pasta.
- La pasta se mezcla con agua y las hojas se levantan con un bastidor de malla fina, se prensan y se secan sobre tablas.
- Por último, cada hoja se bruñe con una piedra lisa o una concha, lo que da al papel de Samarcanda su leve brillo y su durabilidad.
Los maestros enseñan cada etapa y los visitantes suelen poder probar a sacar una hoja. La tienda vende cuadernos, tarjetas, miniaturas y muñecas hechas con este papel.
Alrededor del molino
El entorno rural forma parte del encanto: té bajo los árboles, el rumor de la rueda hidráulica y, a menudo, otros oficios en demostración, como el teñido natural, la alfarería o el prensado de aceite. Es una buena parada con niños y un contrapunto sereno a los monumentos de azulejo de la ciudad.
Qué ver
- El molino de mazos de madera movido por el agua
- Cada etapa, de la corteza de morera a la hoja bruñida
- Probar uno mismo a sacar una hoja de papel
- La tienda de cuadernos, miniaturas y muñecas de papel
- Un té junto al arroyo, bajo los plátanos
Galería



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